lunes, 17 de agosto de 2026

Mamuts bajo el asfalto. El EdoMéx vive sobre un gigante prehistórico de la Era de Hielo

Mamut de Ecatepec

Mamuts bajo el asfalto. El EdoMéx vive sobre un gigante prehistórico de la Era de Hielo

EdoMéx en Línea / Teotihuacán en Línea.- Cavas un pozo para una cisterna, abres el suelo para una obra pública o caminas por una parcela agrícola y, de pronto, tropiezas con una costilla gigante del tamaño de una persona. Aunque parezca una escena de película, en el Estado de México esto no es ficción: la entidad descansa, literalmente, sobre uno de los cementerios prehistóricos más grandes de América Latina.

Mucho antes de que el asfalto, los parques industriales y las unidades habitacionales transformaran la geografía mexiquense, la cuenca del Valle de México y la zona del alto Lerma eran un gigantesco ecosistema lacustre. Hace más de 10 mil años, manadas de mamuts colombinos (Mammuthus columbi), bisontes gigantes, caballos ancestrales y tigres dientes de sable caminaban por donde hoy circulan miles de automovilistas todos los días.

Mamut de Tultepec

Los registros de la comunidad científica no mienten ya que existen más de 180 puntos catalogados con fósiles de megafauna distribuidos a lo largo del territorio mexiquense.

El hallazgo de Tocuila. En Texcoco, el descubrimiento accidental de un yacimiento en los años 90 reveló los restos de al menos siete mamuts atrapados en un mismo punto, convirtiéndose en uno de los referentes paleontológicos más importantes del país.

En municipios como Ecatepec, San Mateo Atenco, Coatepec Harinas y Teotihuacán, los hallazgos suelen ocurrir durante obras cotidianas, sacando a la luz piezas con miles de años de antigüedad preservadas bajo el fango antiguo.

Mamut de Tultepec

Las marcas encontradas en algunas osamentas sugieren que los primeros pobladores de la región no solo convivieron con estos colosos de más de cuatro metros de altura, sino que aprovechaban sus restos para alimento y elaboración de herramientas.

Hoy, la historia no termina en los laboratorios de los arqueólogos. En varios municipios rurales, los propios habitantes y cronistas locales se han convertido en los guardianes involuntarios de este pasado prehistórico, adaptando pequeñas salas comunitarias para exhibir las muelas y fémures que el propio suelo mexiquense sigue expulsando a la superficie.

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